octubre 20, 2020

San Felipe: ocho meses fuera de casa

*** Los niños más pequeños se olvidan poco a poco de su pueblo; los más grandes preguntan constantemente cuándo volverán

*** En el albergue habilitado en Apaxtla solo quedan 13 familias, las más vulnerables; el resto se fue a Estados Unidos, Morelos o Teloloapan  

Jonathan Cuevas/API

Apaxtla, Gro. 03 de Septiembre del 2018.- Yerimi, un niño de siete años que huyó de San Felipe del Ocote, Guerrero, junto a sus padres, hermanos y el resto de los pobladores, extraña a su perra a la que llamó: “Picha”. Seguramente el canino ya murió pero el pequeño no lo sabe.

Lleva ocho meses refugiado en las instalaciones del DIF de Apaxtla, la cabecera municipal, donde tampoco tiene ya a su burro, gallinas y pollos. Todo quedó allá, en su pueblo natal, de donde más de 500 pobladores tuvieron que huir el 06 de enero de este año, luego de ser atacados por un grupo armado de La Familia Michoacana.

En lugar de recibir un regalo de “Reyes”, Yerimi y su familia vieron llover balas desde los cerros que rodean a San Felipe. Fue subido a una camioneta con una docena de niños para ser trasladados a la cabecera municipal; desde entonces, no vio más a su perrita Picha, a la que ahora menciona con una profunda tristeza que se refleja en sus ojos al borde del llanto.

Dice que quiere otro perrito porque no sabe si volverá a ver a su mascota, y frente a la cámara de video de un reportero agrega que quiere una casa, porque a esa si está seguro que no volverá.

Este domingo, el pequeño entró al que ahora es su dormitorio, con un disco y una flecha de juguete en la mano. Los colocó en una mesa y se retiró mostrando una discreta sonrisa, pero justo en la puerta se detuvo a petición de su mamá, volteó el frente de su cuerpo hacia la cámara y habló: “¡Quiero otra casa! Porque la mía quedó allá en San Felipe”.

Dijo también que le gusta estudiar y de grande, quiere ser mecánico porque le gustan los carros. Luego se retiró presuroso a encontrarse con otros niños para jugar.

Su mamá no quiso hablar porque mucha gente los visita, entre gente altruista, funcionarios municipales y periodistas, pero ellos siguen en la misma situación de incertidumbre, con el sentimiento de que han sido abandonados por el Gobierno.

Como Yerimi hay decenas de niños de esa localidad. Los más pequeños se van olvidando poco a poco de su pueblo, pero los que tienen de seis años en adelante, llevan siempre presente a San Felipe, aunque están conscientes de que tal vez no volverán.

Buscando una nueva vida

Trece familias, unas 35 personas, están por cumplir ocho meses en el albergue que habilitó el Gobierno Municipal de Apaxtla en las instalaciones del DIF municipal. Son quienes por falta de oportunidades, recursos o incluso por miedo, se han negado a salir para empezar su nueva vida en una casa rentada.

La mayoría ya se fue porque se cansaron de esperar a que el Gobierno del Estado y municipal les cumplieran la promesa de fundarles una colonia en Apaxtla. Varias familias buscaron alojamiento con otros familiares en esta misma cabecera, y otros decidieron rentar, aquí o en municipios vecinos como Teloloapan.

Poco a poco desde su llegada, los padres, madres de familia y jóvenes fueron buscando trabajos de empleadas domésticas, peones o en el campo, y aquellos que pudieron traer sus vacas o marranos, los vendieron y lograron rentar algunas tierras para sembrar maíz.

Es así como van subsistiendo y quienes tuvieron la oportunidad de tener alojamiento con algún familiar, dejaron el albergue, mientras otros decidieron pagar renta porque en el DIF estaban “amontonados”, pues en cada cuarto dormían entre diez y quince familias.

Incertidumbre

La familia del comisario Félix Pereira es una de las que permanecen en el albergue y reconoce que a estas alturas no saben si el gobierno municipal les donará el lote que les habían prometido, porque ha pasado mucho tiempo y no ven avances en los trámites, aunque lo último que supieron es que “faltaban unas firmas”.

Sin embargo, también aclara que estaban por regalarles un terreno a un costado del panteón nuevo, sin embargo rechazaron esa oportunidad porque es un terreno alejado, fuera de la mancha urbana de la cabecera municipal, donde consideran que los grupos criminales podrían haber llegado a atacarlos nuevamente.

Y es que, dentro de la cabecera municipal se sienten seguros porque opera la Policía Comunitaria del Movimiento Apaxtlense Adrián Castrejón (MAAC), y de vivir en un lugar retirado, además de las complicaciones por su situación económica, consideran que sería difícil tener acceso a los servicios públicos, además de estar inseguros.

La ayuda ha sido retirada

Las personas que permanecen en el refugio han tenido que ganarse la vida trabajando de chalanes de albañiles, en tiendas de abarrotes o en el campo ayudando a la siembra y cosecha.

Han dejado de recibir toda la ayuda que en un primer momento se les brindó, por ejemplo, sus alimentos. A estas alturas ellos tienen que comprar y prepararse sus comidas porque en esas instalaciones solo les prestan la cocina pero ya no los dotan de insumos.

Tienen que comprar el agua tanto para beber como para la limpieza, aunque ellos prefieren “capear” el agua de la lluvia.

Los desplazados de San Felipe nunca tuvieron acceso a programas sociales por parte del Gobierno del Estado o Federal, y no les ofrecieron proyectos productivos a pesar de ser campesinos y ganaderos, por eso, dentro de las propias instalaciones del DIF sembraron unas cuantas matas de maíz, para autoconsumo.

Lo que sí tienen es un médico que los atiende y cursos de costura, manualidades y otros, con los que el Gobierno local pretende que se ayuden un poco en sus ingresos.

Ante esta situación que se complica más cada día por la falta de una vivienda e ingresos seguros, para algunos jóvenes la mejor opción de vida ha sido la migración, por lo que han partido a Estados Unidos en busca de trabajo y buenas ganancias.

Esperanza en el nuevo gobierno

El cambio de gobierno también representa una incertidumbre para las familias de San Felipe, pues al tener claro que no volverán jamás a su pueblo, no saben cómo vaya actuar a su llegada el nuevo presidente municipal. Ni siquiera saben si permanecerá el albergue o desaparecerá.

Y es que el gobierno saliente pone cada vez menos interés en el problema de los desplazados. Incluso, apenas fue destruida una galera que les habían construido para resguardarse de la lluvia, ya que en sus cuartos el agua se trasmina, sin embargo, en el nuevo lugar donde se supone que dormirían, el agua entraba por debajo y no les dieron opción de hacerle mejoras.

Ahora ellos se sienten cada vez más incómodos, por lo que entablaron un diálogo ya con el próximo alcalde, quien les dijo que atendería el problema hasta que entrara en funciones, pero les dio la opción de que pensaran si querían seguir en el albergue para mantenerlo, o, si querían salir de este.

Sin embargo a los desplazados no se les ha dado la opción de ser apoyados en sus rentas, por lo que para ellos pagar de 800 a mil pesos que son lo que cuestan generalmente las rentas en Apaxtla, sería bastante complicado.

A pesar de ello, la gente de San Felipe confía en que el gobierno municipal los vuelva a apoyar como en un principio, y que el nuevo gobierno federal también los voltee a ver para darles mejores opciones de vida, porque si les llegan a donar el terreno que les prometieron, también tendrán la necesidad de una nueva casa.

San Felipe, abandonado

El pueblo de San Felipe del Ocote que se ubica a hora y media en vehículo desde la cabecera municipal, en la parte baja de la Sierra de Guerrero, quedó en total abandono. En las casas quedaron muebles y aparatos eléctricos, ropa, juguetes y documentos. En los patios y calles, decenas de animales que, dice el comisario Félix, seguramente ya murieron.

“Nosotros ya no vamos a regresar, definitivamente. Usted sabe que de repente la gente (del crimen organizado) llega y pues nos van a agarrar, pero ya no queremos vivir eso pues”, señaló el recién nombrado comisario, a ocho meses de su huida.

Como en muchos otros casos, su hijo le pregunta cuándo van a ir a San Felipe, y él responde que “pronto”, aunque sabe que no será así. Sin embargo, los niños más pequeños parecen haberse olvidado ya de su comunidad.

Ángel Moreno es el segundo comisario y tampoco ha podido reubicarse. “Estamos esperando la ayuda pero hasta ahorita no hay nada todavía”; expuso.

También asegura que no volverá a San Felipe porque quedó en total abandono, y ni siquiera saben si el grupo que los atacó ya se apoderó del pueblo, o se replegó al municipio de Arcelia que es su base de operaciones.

Para sobrevivir, Ángel vendió sus dos bestias en 6 mil pesos cada una. Con ese dinero rentó unas tierras y sembró maíz, por lo que ahora que coseche espera poder venderlo, y si no, al menos será para autoconsumo.

Tiene tres hijos y todos le preguntan cuándo volverán a su casa en San Felipe del Ocote, pero él decide ser sincero y explicarles que salieron por seguridad, y que posiblemente no regresarán, por lo que cada vez preguntan menos.

Los dos comisarios coinciden en que en el albergue los han tratado bien, sin embargo no les han resuelto el problema de vivienda. También, reclaman atención del Gobierno de Guerrero y del Federal, e incluso hicieron un llamado al presidente electo Andrés Manuel López Obrador, para que les ayude a recuperar su vida.

Los más vulnerables, siguen en el albergue

Los jóvenes de San Felipe pintaron en la entrada del albergue del DIF, un mural en el que plasmaron a su pueblo y destacaron el árbol donde inició loa balacera aquel día que tuvieron que huir para siempre. Es un mural muy representativo para ellos, porque reflejan el momento en que se vieron obligados a cambiar su vida.

Al pie de este mural, el presidente del DIF Municipal, Esaú Martínez Gómez explicó que los jóvenes suelen expresarse con este tipo de trabajos, y afortunadamente, se están involucrando bastante en las actividades que les ponen, como torneos de basquetbol y cursos de manualidades o música, entre otros.

El funcionario municipal se muestra satisfecho con el apoyo que se les ha brindado a las familias desplazadas, trabajo que estuvo a su cargo durante estos ocho meses y hasta el mes próximo.

Recordó que llegaron a este refugio más de 70 familias que poco a poco se han ido moviendo al Estado de Morelos o al municipio de Teloloapan, quienes buscan la forma de subsistir con actividades como albañilería, pintura, carpintería o incluso en lavados de carros.

“Ellos iniciaron desde cero y ahorita cada quien ya va marcando una historia nueva para salir adelante”; se congratuló, aunque aceptó que dentro del albergue quedaron las familias más vulnerables, es decir, quienes tienen menos recursos o problemas físicos para poder rentar un lugar y trabajar.

Esaú Martínez señaló que el desplazamiento forzado es un problema nacional y en Apaxtla se está haciendo el mejor esfuerzo para que la situación no se agrave, de tal manera que se ha hecho un gasto bastante elevado y, hasta hoy se maneja un presupuesto mensual de 12 mil pesos, directo para los desplazados. (Agencia Periodística de Investigación)

 

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