Sufrir para vivir; el calvario de los jornaleros agrícolas de la Montaña de Guerrero

Sufrir para vivir; el calvario de los jornaleros agrícolas de la Montaña de Guerrero

Abusos, humillaciones, explotación y en el peor de los casos la muerte. Es lo que enfrentan los jornaleros agrícolas que migran de la Montaña de Guerrero a los campos de cultivo al norte y occidente del país.

Maura, originaria de Juanacatlán en el municipio de Metlatónoc que es uno de los más pobres de México y América Latina, ha sido jornalera desde que tiene memoria, y lo narra de manera trágica a sus 23 años. En su último jornal, vio morir a sus padres y cuatro hermanos.

Esto sucedió en un accidente automovilístico cuando regresaban de Zacatecas para seguir trabajando en Yerécuaro, Estado de Michoacán.

El pasado 23 de agosto, junto con sus padres, sus hermanitos, cuñada y sobrinos salieron de Río Florido, Municipio de Fresnillo del Estado de Zacatecas donde habían trabajado 10 meses cortando chile jalapeño.

Salieron cerca de la media noche, ya habían hablado con otros parientes que los contactarían con los nuevos patrones para ir al corte de jitomate en Yerécuaro, Michoacán.

Viajaban a bordo de dos camionetas, en una iba don Raúl Ríos, su esposa Antonia Félix, cinco de sus hijos, su nuera y su nieta, atrás le seguían su hija y otros familiares a la distancia, si era necesario parar se comunicaban por teléfono.

El cansancio de varios días de trabajo cobró factura a Raúl Ríos, al pasar por un puente en el tramo carretero Atotonilco-La Barca del Estado de Jalisco, perdió el control de la camioneta, ahí perdieron la vida de manera instantánea don Raúl, su esposa Antonia, cuatro menores de edad, y quedaron heridos una niña y su nuera.

Ningún patrón se hizo responsable de la tragedia, fueron llevados a un hospital de Guadalajara, incluso los primeros respondientes les robaron el dinero que habían ahorrado los cuatro adultos durante los 10 meses de trabajo, donde ganaban 250 pesos diarios.

Maura regresó a Juanacatlán en medio de la devastación, sin dinero, seis muertos para sepultar, sólo le sobrevivió su hermanita Rosa de nueve años, quien aún no asimila que ha quedado en la orfandad.

No tiene claro si regresará a los campos agrícolas, pero no conoce otra vida, desde pequeña acompañaba a sus padres, y apenas y pudo terminar la primaria para aprender a leer y escribir.

Irá a Guadalajara en los próximos días para traer a su cuñada y su sobrina que se encuentran aún internadas luego de varias operaciones que tuvieron que hacerles por la gravedad de las lesiones.

Este calvario, este drama lo viven miles de indígenas que año con año se alquilan como jornaleros en otros estados del país, al no contar con empleos u oportunidades de progreso y desarrollo en sus comunidades.

De acuerdo con Abel Barrera director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan”, sólo de marzo de 2020 a la fecha, 23 mil 500 personas han migrado a otros estados, de los cuales al menos el 30 por ciento son menores de edad que abandonan sus estudios.

Desde que salen de sus localidades comienza el vuacrucis, autobuses en mal estado, “destartalados” que desde el primer momento ponen en riesgo su vida, viajan hacinados, con sobrecupo y sin alimentos en el camino.

En los campos agrícolas, dijo el Antropólogo Abel Barrera, crece cada vez más la informalidad, los patrones o empresas no brindan ninguna prestación a sus trabajadores, no cuentan con seguros de vida, ni para gastos médicos y cada quien se atiende como puede.

En los campos padecen también la discriminación y el maltrato, a veces les prometen un salario, y después de haber trabajado varias horas o días les ofrecen menos, “lo toman o lo dejan” llegan a decirles.

Ha habido casos, dijo Abel Barrera, donde a los jornaleros para no pagarles les dicen que va a llegar un grupo armado y los va levantar a todos, y que se tienen que ir en ese momento.

El fenómeno de la delincuencia organizada está también sobre los jornaleros, quienes en ocasiones son reclutados para obligarlos a cometer ilícitos en los lugares donde llegan en busca de empleo.

Para Abel Barrera, hay una gran deuda del estado con los jornaleros, para quienes exige garantías, prestaciones o que en su caso se les garantice empleo en sus lugares de origen para frenar de fondo este problema.

Texto e imágenes de Bernardo Torres | API Guerrero 

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