Sigue hostigamiento a pobladores de Quetzalcoatlán, por grupo armado de Tlaltempanapa

*** Urgen ampliación de medidas cautelares
***Delincuencia organizada les ha quitado las ganas de vivir, a algunos pobladores
*** Con 24 pesos al día sobreviven algunas familias
Bernardo Torres/API
Quetzalcoatlán de las Palmas, Guerrero.-A dos años y tres meses del ataque armado a pobladores de Quetzalcoatlán de las Palmas, municipio de Zitlala, que dejó un saldo de seis personas muertas, el hostigamiento por parte del grupo delincuencial que opera en la comunidad de Tlaltempanapa no ha cesado, agudizando la crisis económica y de seguridad.
A pesar de que el Gobierno de Guerrero, brinda desde el 12 de marzo de 2016 medidas cautelares, con la vigilancia de la Policía Estatal, los habitantes de esta localidad no tienen la libertad de transitar por la ruta hacia la cabecera municipal, por las constantes amenazas y agresiones.
El 12 de julio, del año pasado, cuando algunas personas acudieron a Zitlala a recibir su apoyo de “Procampo”, don Salomón Lara Tlatempa y otros de sus compañeros fueron agredidos a balazos, uno de ellos perdió la vida, don Salomón sobrevivió a tres impactos de bala.
A raíz de ese hecho y tras varias solicitudes de organizaciones defensoras de derechos humanos, las medidas cautelares se extendieron a don Salomón, para darle acompañamiento en sus desplazamientos fuera del pueblo, no así para el resto de la población.
Actualmente en la localidad, ubicada en la Montaña Baja de la entidad, quedan alrededor de 54 personas, de más de 200 que conformaban la población total, la mayoría se fueron a los campos agrícolas del norte del país, y los jóvenes emigraron a los Estados Unidos.
Los pocos que quedan, se niegan a ser reubicados en otro sitio, como lo ha propuesto el Gobierno del Estado, se rehúsan a abandonar sus hogares y llegar a un lugar desconocido donde no podrán seguir sus vidas normales, sembrar o cuidar animales.
Poco a poco, la vida se extingue, cada vez menos habitantes, el abandono total de autoridades municipales y estatales, los tiene sumidos en una crisis alimentaria, no hay agua potable, no pueden salir, ya no cuentan ni siquiera con médico y en el aspecto educativo solo sobrevive la primaria con cinco alumnos.
El asedio, es constante, apenas el pasado 24 de marzo, fue retenida la esposa del comisario, quien acudió a Zitlala a vacunar a sus hijos, y a pesar de que iba a bordo de una camioneta del Ayuntamiento, la obligaron a bajar para ser interrogada.
Le pidieron información sobre su familia y el nombre del comisario, a quien mandaron decir que los dejarán en paz siempre y cuando se retiren los elementos de la Policía Estatal, que brindan seguridad en la zona, a lo cual no accederán.
El bloqueo ha traído una fuerte crisis alimentaria, es poco lo que se produce en la comunidad, y los productos de la canasta básica tienen que encargarlo a los policías que les brindan seguridad cada vez que bajan a sus cambios de turno, es decir cada 15 o 20 días.
Sobreviven cortando palma, elaborando cinta, la cual venden a 8 pesos por 20 metros, y al tejer 3 rollos diarios, vienen ganando al día 24 pesos, que son el sustento para toda la familia.
Aquí no viene ninguna autoridad, ya tiene un año que se presentó el presidente municipal, Roberto Zapoteco Castro, cargado de promesas, que a la fecha no ha cumplido; rehabilitar la red de agua potable, otorgar despensas y maíz de manera mensual.
La exigencia principal de los pobladores, es que se restablezca el servicio de agua potable, las clases en las escuelas, y sobre todo que las medidas cautelares se extiendan a todos los pobladores cuando salgan de la comunidad y se evite a toda costa el paso por la localidad de Tlaltempanapa.
*La delincuencia les ha quitado hasta las ganas de vivir, relatan
La delincuencia organizada, los homicidios de familiares, les han quitado a algunos de los habitantes que aún permanecen en Quetzalcoatlán, hasta las ganas de vivir, tal es el caso de la señora Silvestra Tlatempa, quien a raíz de los hechos de violencia, se encuentra sumida en una profunda depresión, que la tienen al borde de la muerte.
El 06 de enero de 2016, cuando se dio el ataque más sangriento, donde murieron seis personas, fue asesinado su hermano, Beningo Tlatempa Solano, él regresaba de trabajar del campo, cuando se topó con el grupo armado que había irrumpido en el poblado horas antes, y fue atacado a balazos.
Tras este hecho, su madre, la señora Cirila Tlatempa Solano, cayó en una fuerte depresión, tras la muerte de su hijo, relatan los pobladores que perdió las ganas de vivir, estuvieron dos meses desplazados fuera de la comunidad, y al regreso se le fue la vida llorando la muerte de su hijo.
A los pocos días de regresar a Quetzalcoatlán, perdió la vida, y fue sepultada a la entrada del pueblo junto a la tumba de su hijo Benigno.
Desde entonces Cirila no ha podido regresara su vida cotidiana, vivió encerrada desde entonces, y el año pasado, cuando su esposo, Julián Lara, fue a cobrar su apoyo de Procampo, fue asesinado en Zitlala, lo que agudizó su situación, y ahora se ha quedado sin ganas de vivir.
Personal del Centro de Derechos Humanos “José María Morelos y Pavón”, que acuden periódicamente a documentar la situación de dicha comunidad, y a llevar el poco apoyo que se puede recolectar por voluntarios, expusieron que los habitantes se encuentran en la total indefensión.
Los desplazados, no entran a los apoyos que debería brindar la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), y tampoco tienen acceso a los beneficios de la Ley de desplazados, debido a que no está reglamentada y por lo tanto no tiene recursos asignados.
Quetzalcoatlán, sigue bajo el bloqueo, los pobladores se rehúsan a huir, pero las opciones se agotan, mientras las autoridades permanecen omisas a su situación. (Agencia Periodística de Investigación)

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